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::: Presagios

Autor: Esperanza Núñez Ver autor

Sin publicar (200..)

 

Presagios

Llovia. El día era gris, como grises eran mis pensamientos llenos de presagios y malos augurios. El amanecer no llegaba nunca. Yo lo veía allí dormido, sin temores, sin miedos, y yo solo estudiaba la blanca habitación, cada rincón, cada cama, cada armario. Mi corazón latía con fuerza, pensé que sus latidos se podían sentir fuera. Mire a mi marido, sabía que no debía compartir mis temores en voz alta, ni siquiera con él. Nos miramos. No hacia falta hablar, nos agarramos de la mano, me dio un apretón, con eso bastaba, compartimos todo en una sola mirada.

Quise llorar, pero las lagrimas no salieron, quise rezar y no supe como, mi corazón vacío de esperanzas solo se lleno de recuerdos.

Llegaron dos enfermeras,”llegó la hora” y fuimos hacia el quirófano con paso lento, las piernas me temblaban. vi. Que él abría los ojos cuando le cambiaron de camilla,”mama no me dejes, no quiero ir” y aunque sabia que era la única posibilidad de vida desee llevármele a casa, abrazarle y decirle que todo había sido un mal sueño.

Escuché entre susurros,”no se preocupen, esperen en la sala de espera, pronto estará con ustedes”. Mi marido me cogió por los hombros y me llevo a la sala, llena de asientos cómodos, era blanca y fría. Otras personas estaban allí, como esperando la sentencia de un juez. Miré el reloj, las nueve y cinco, pasó una hora eterna, miré el reloj, las nueve y cuarto, Dios Mío, el tiempo se ha detenido. Contamos una hora, dos, tres, cinco, nadie salía, nadie decía nada. Encendí un cigarrillo, después otro, el tiempo se había congelado.

Salio alguien vestido de verde llamando a alguien que salió corriendo de la sala y entró en la otra habitación. Cuando volvió lloraba y hablaba por teléfono. Todos nos acercamos a ella.”¿Que ha pasado?”.Se muere contestó.

Nadie dijo nada, solo la apretamos la mano. No había nada que decir, ella lo sabia y nosotros lo sabíamos, no había consuelo posible. Nos miró y volvió a llorar.

Miré el reloj, habían pasado cinco horas y media, nadie salía. Se abrió una puerta y pronunciaron nuestro nombre, saltamos del asiento y nos dirigimos al medico con el corazón en un puño.”Hemos acabado, de momento todo está bien. Le verán con muchos tubos y cables, no se asusten”. Entramos a la UVI, tenia los ojos cerrados, toque su mano y la levanté, estaba muerta. Le vi. con tantos tubos, ayuda respiratoria que gire la cabeza para otro lado. Allí estaba Yolanda, sufriendo, nueve años en un cuerpo de seis, dando sus últimos suspiros, perdida ya la batalla. No recé no llore, no quise pensar, solo oí una voz, “tienen que salir”. Fuera todos esperaban expectantes, no preguntaron, no había nada que preguntar todavía.

Sonó el telefono. Su profesora. Volvio a sonar, sus amigos. Evoquè su imagen diciendo “Esto no es nada, pronto estará aquí”.

Cuando volví a verle supe que algo pasaba, nos habían dicho que 24 horas con respirador y no lo tenia, ni cables ni nada, solo un simple gotero. Corrí hacia la cama, algo malo había pasado. Mi marido corrió detrás de mi, las enfermeras, atónitas, también corrieron.”No pasa nada, es un chico fuerte, no se olvido de respirar, su corazón late solo”.Todo a mi alrededor se volvió oscuro, no vi. nada solo oía murmullos a mí alrededor. Abri los ojos y supe que todo estaba bien lloré y recé dando gracias, Dios había vuelto y me alegré.

Me sentí culpable de mi alegría sabiendo que al lado, detrás del blanco biombo, Yoli agonizaba y una madre ya no tenía esperanzas.

Abrió los ojos,”mama tengo hambre”.Es un chico muy fuerte, oí que me decían. Le miré, dormía, pero su cara, sus manos, su cuerpo tenía vida. Miré por la ventana, ya no llovía y el sol ganaba a las nubes. Entonces supe que mañana el sol volvería a salir. Aunque mi alma estaba desgarrada de dolor por  Yolanda, me alegre porque mi hijo vería muchos amaneceres.

Sonó el teléfono, al otro lado dos voces aun infantiles que empezaban a cambiar. "Te dijimos que todo iría bien”.