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::: Petra

Autor: Margarita González Martín Ver autor

Publicado: Un torrente gota a gota (2005) Ver obra

 

Petra

(A las mujeres comprometidas)

Catalina era una persona mayor descendiente de españoles, que vivía sola en Hamburgo, rodeada de plantas, álbumes de fotos y un baúl con recuerdos y libros.

Cada tarde, contemplaba la ciudad desde la terraza de su ático y le parecía una pantera que durmiera a sus pies. Observaba cómo poco a poco cesaban los “rugidos”, cómo se cimbreaban suavemente las antenas en los tejados, cómo giraban los grajos en torno a las torres más altas para luego buscar su habitual cobijo nocturno. Su deleite aumentaba con las diferentes “acuarelas” que ofrecía el crepúsculo.

Catalina sentía la necesidad de comunicar sus sentimientos y experiencias a otras personas. Por eso acudía a visitarla cada viernes por la tarde su nieta Helga de quince años, acompañada de su amiga Elsa de catorce, mientras tomaban una dulce merienda y un menos dulce pero sabroso relato que la abuela contaba a las jóvenes con todo detalle.

Una tarde otoñal de finales del siglo XX, Catalina recordó una hermosa historia y la esbozó sobre papel para recordar todos los detalles alojados en su mente.

Aquel viernes a la hora acostumbrada, llegaron Helga y Elsa con su habitual sonrisa. Su anhelante deseo era compartir unas horas junto a la abuela y escuchar el relato.

- ¿Vosotras habéis estudiado quién fue Carlos I de España y V de Alemania?

- Sí, abuela, sí.

- ¿Y sabéis dónde vivió su retiro hasta morir?

- Sí, en España.

- Bien, pero ¿en qué lugar?

- Eso, no. ¿Dónde sucedió?

- Fue a un lugar privilegiado llamado Yuste, en la comarca de La Vera en Extremadura. A mí, la palabra Yuste me ha parecido tan sugerente y aventurera como la de Ítaca. Tiene cierto misterio y encanto semejante a la historia que tengo preparada para contaros.

Os recuerdo que Carlos V nació en 1500 en Gante y murió en 1558 en Yuste. Según algunos historiadores, eligió Yuste para su retiro físico y espiritual influenciado por la leyenda de Petra, aunque nunca se ha sabido si fue leyenda o realidad, yo quiero creer que Petra existió.

Después de una noche en que la luna reinó sobre los bosques y aldeas, donde el silencio y la magia sólo fueron interrumpidos por las aves nocturnas, al llegar la aurora, la paz se rompió con el llanto de una niña que vio la luz y sintió el frío por primera vez. Nació ella, Petra, en el seno de una familia noble y como tal fue educada.

Petra era una mujer bajita, menuda, blanca como el nácar, sus ojos negros como el carbón y el cabello ondulado del mismo color. De aparente fragilidad, era interiormente fuerte y de personalidad acentuada, lo que exteriorizó desde pequeña. Su pasión por la música y la escritura hicieron de ella una persona diferente. A su arpa y la creatividad de hacer versos dedicaba la mayoría de su tiempo, descuidando otras obligaciones que le eran impuestas.

En su recién estrenada juventud, sin desearlo quedó encinta y dio a luz una hermosa niña a la que llamó Greta. Jamás se supo quién fue el padre. A pesar de ser conscientes de la inocencia de Petra, para su familia supuso deshonra y vergüenza, y como tal, la humillaron con los peores castigos sufriendo una terrible angustia, poco a poco logró superarla con la ayuda de su fiel criada Pía y el amor hacia su hija.

En el bosque, retirado de la vivienda, la familia poseía un establo que no utilizaban. Petra ordenó que lo adecentaran y allí pasaba grandes temporadas con su hija, su criada Pía, su arpa y sus libros. Se cree que Yuste fue construido sobre las ruinas de ese establo.

Cuando desaparecieron sus padres, se instaló en la casa familiar. Dicen que era grande, con varios habitáculos. Lindaba con el bosque un gran jardín repleto de árboles, flores aromáticas, y una bonita fuente en la parte central.

Cuando Greta alcanzó la edad de doce años, su madre adoptó la decisión de educar tanto a ella, como a otras niñas. No tardó en tener contacto con ciertas familias de los alrededores, delegando éstas en Petra la educación y responsabilidad de sus hijas adolescentes, creando algo parecido a un internado femenino.

Este hecho le hizo estar en boca de todos y fue criticada por los gobernantes y sacerdotes de la época. No comprendían que una madre soltera pudiera educar a las jóvenes, olvidaban que Petra era una persona culta y tenía posibilidades para hacerlo. Su rebeldía aumentó debido a las críticas que fraguaron a su alrededor. Ciertas opiniones le parecían necias y absurdas, pues ¿cuándo el saber es malo?, preguntó a los que le acusaban.

Helga y Elsa seguían como búhos emocionadas el relato, hasta que Catalina dijo:

- Si algo no comprendéis decídmelo, puede que esté utilizando un vocabulario desconocido para vosotras, pero la leyenda lo dice así y no quiero cambiar nada.

- No te preocupes abuela, hasta ahora todo lo hemos entendido, y deseamos seguir escuchándote.

- De acuerdo, continuaré.

Las jovencitas que llegaban a casa de Petra tenían entre doce y quince años, el grupo nunca sobrepasaba de diez. Cada cierto tiempo –uno o dos años- marchaba alguna joven, lo cual era muy sentido por todas, pero de inmediato el grupo era de nuevo completado.

Greta y el resto de las discípulas amaban y admiraban a Petra. Para ellas era su diosa de la sabiduría y ángel protector. Las preparaba hacia la realidad de un futuro cercano hablándoles delicadamente lo que la vida les iba a ofrecer: el matrimonio y posterior maternidad. Para Petra, en la vida había algo más, y muy hábil seducía a las niñas con la importancia del interés hacia la música y la lectura.

La explosión de la naturaleza en primavera era salvaje en esas tierras, abundaban los robles, castaños y praderas llenas de flores, con las que las jóvenes tejían largas guirnaldas para adornar sus cabezas y cuellos. Los veranos no eran de excesivo calor, pero ellas, bajo el consejo y protección de Petra, tomaban baños en los manantiales que aún en verano seguían brotando con intensidad. En las cálidas noches, bajo la observadora luna, recitaban poemas, bailaban y cantaban acompañadas por la suave música del arpa, hasta agotar su vitalidad que lentamente iba decayendo...

Entre todas, la discípula preferida fue Oli. Era menudita e inquieta, y su corazoncito la cautivó. Petra se veía reflejada en ella, y no quería que años más tarde fracasara y sufriera con algún erróneo casamiento.

La víspera de la despedida de Oli, cuando todas dormían, Petra paseó por el bosque. Era Otoño y cuenta la leyenda que estuvo jugando con la luna. Ésta se escondía tras los robles sin apreciar que no tenían hojas que la ocultaran y continuamente era visible. Petra reía a carcajadas por la ingenuidad de la luna, y las estrellas estaban expectantes de lo que allí sucedía. Una estrella pequeñita muy curiosa se asomaba por encima de la barandilla del cielo, y tanto se asomó que al final cayó.

Por la mañana sentadas en el suelo sobre las hojarascas del jardín, bajo un tímido sol otoñal, contó lo sucedido a las niñas, y Oli preguntó -¿qué le pasó a la pequeña estrella?-. Petra, llevando sus manos hacia el pecho, dijo –cuando la estrella cayó, la recogí y la guardé en mi corazón. Tómala, que siempre te acompañe, es mi regalo de despedida.

Inmóviles como ángeles decorativos del jardín escuchaban atentas, sintieron temblar sus corazones y al unísono lloraron de alegría. –Tranquilas, Oli luchará por ser feliz, y nosotras siempre la recordaremos. Hagámosle una fiesta. Alborotadas, comenzaron con los preparativos de la ceremonia que la ocasión requería.

Según cuentan, de este modo, con ilusiones y dificultades transcurrieron los años en la vida de Petra. Un día, cuando su pelo cambió el color negro como el carbón por el blanco de la nieve, decidió abandonar… Agitando las plumas de grandes alas imaginarias, voló alto, muy alto, hacia la Eternidad.