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::: La veleta

Autor: Asunción Pérez Berrocal Ver autor

Publicado: Un torrente gota a gota (2005) Ver obra

 

La veleta

En lo alto de la casa
la veleta gira y gira,
oteando hacia el saliente
o hacia el ocaso del día,
al norte tiene a Castilla
en el sur, Andalucía.
Representa a una cigüeña
nívea y esbelta en la cima,
con su pico largo y recto
con sus zancas color guinda
con sus alas prietas, prietas,
con sus ojos encandila.
Se contonea mil veces,
se contonea sin prisa,
de pronto se queda inerte,
de pronto cambia y oscila
a la merced de ese viento
que la danza, que la guía.
Un cigoñino avispado
que en Torremenguada anida
la observaba sin descanso
desde la torre vigía.
¡Qué gallarda moza aquella!
¡Quién la pudiera tener por siempre de compañía!
Volando bajo, muy bajo,
él, más alto no podía,
se arriesga y pone cuidado,
vuela hacia Santa María
del Valle, muy bien llamada,
donde la veleta habita.
Se posa junto a la charca
de comida bendecida,
se relaja, se repone,
se mira en el agua fría,
observa como ha crecido
en el viaje de partida.

¿Podré remontar el vuelo
y llegar hasta la cima?
sin pensárselo dos veces
abre sus alas y agita,
ya no es pollo de nidada,
es un galán de valía.

La rodea, la corteja,
la encuentra muy pensativa,
la distrae con su cola,
la elegida no respira.
¿Qué te ha ocurrido muchacha?
¿No te das por aludida?
Tendré paciencia, es mi gozo,
tú dirás cuando me miras,
qué lindo cuerpo es el tuyo,
qué esbeltez, qué gallardía.
¡Crotórame tú, bajito !
Que aún así te escucharía.
Crotora al amanecer,
crotora al morir el día,
de día baila su baile,
de noche más todavía.
Se gira, se contonea,
le dispensa mil delicias.
Vuela conmigo, paloma,
Vente conmigo, mi vida.
Sin la luna viajaremos,
tú alumbrarás la partida.
-¡La noche es para los lobos!
La veleta le decía.

El amante la convence
y efímera volaría.
dejando atrás su carcasa,
nunca se arrepentiría,
como dos almas gemelas
entrecruzadas sus vidas.
Era invisible a los toros,
a las vaquillas de lidia,
a los caballos altivos,
a las yeguadas sumisas,
a los que habitan majadas
en riscos y en las campiñas.
Las otras aves del cielo
y las cigüeñas amigas
en la distancia contemplan
su danza, sin compañía,
los arrullos que prodiga
¡Ya por loco quedaría!