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::: Las comadres

Autor: Genara Bermejo Ver autor

Sin publicar (2006)

 

Las comadres

Perpetua y Teresa, dos comadres, sus vidas estuvieron llenas de dificultades. Una de ellas nos cuenta sus avatares:

- Me casé tres veces, la primera con Eladio, le decían “El Cano”, que me dió dos hijos Antonio y Carmen. Tuve mala suerte porque me duró poco, enviudé y quedé sola con mis hijos. Pero un día en una fiesta conozco a Julián, un viudo de muy buen ver que me pide relación.

Yo empiezo a sentir algo por él, quiero conocer su situación, me dice “tengo dos hijos, Juanito y Carmen, mas o menos de la misma edad que los tuyos”.
Loca de alegría se lo comento a mi comadre. Ella me aconseja “piensa bien lo que vas a hacer”.

-Sí, Teresa... pero si es que no tengo ni para dar de comer a mis hijos, si vivo de la ayuda de mi familia, que saben que el trabajo no es lo mejor para mí.

Con respeto se lo digo a mi madre. Su respuesta fue: “adelante hija, es un buen hombre, trabajador, no os faltará de nada ni a tus hijos ni a tí”.

Una noche decidimos acudir a la iglesia y casarnos en secreto, pero no nos libramos de una cencerrada de campanillos por ser viudos. Eso nos animó para empezar a buscar un nuevo niño.

Al año nace un varón que bautiza mi comadre, en recuerdo de mi difunto esposo se le pone el nombre de Eladio.

- ¿Comadre, estás preparada?...¡ ya viene otro de camino y hace el número ocho!

- ¡Mira comadre, que a tu marido no le pase nada...!

- Ya ves a empezar de nuevo, muchos niños, pero muy contentos.

Pero una mañana dice Julián que no se encuentra bien, lo que empieza a preocupar a Perpetua y lo comenta a su comadre: “ el compadre está chungo, no tiene ganas de nada”.

- ¡Alerta comadre llévalo al médico!

Ni cortas ni perezosas se acercan al Hospital donde le diagnostican una enfermedad irreversible que no podían esperar y poco después muere, ¡ que mala suerte Perpetua!.

Sí, Teresa, sí... cuando estaba tan bien, con nuestros hijos empezando a enamorarse mi Antonio de Carmen y Juanito de Dolores y los pequeños tan espigados... todos contentos en sus cargos, los chicos en la labranza, las chicas en las tareas de la casa y Julián y yo en la dirección... Dolores hace pan, pero come sin ganas, Carmen lava, cose y cuida de los pequeños.

-Comadre, que el compadre quería tenerme como una reina y yo que estuviera él como un rey, pero duró poco, esa cruel enfermedad se lo llevó quedando de nuevo sola con mis hijos.

Pasado un tiempo empiezo a salir en compañía de los compadres y conozco a Anselmo, viudo, muy atractivo que me enamoro y lo mismo él de mí.
Empezamos a vernos, nuestra relación sigue adelante.

- Anselmo... que yo tengo cinco en casa. Contestación del enamorado “yo sólo cuatro”.

Comenta Teresa ¿no son muchos niños?... Los mismos de antes, lo que pasa que vendrán más de nuestro nuevo matrimonio ¡ somos jóvenes comadre y si Anselmo quiere niños, vendrán y serán bien recibidos, con la misma ilusión que los demás!. Lo mejor que me podía pasar es que me bautizaras hijos de mi tercer marido.

Así sucedieron las cosas, al año nacieron dos preciosas criaturas, un varón y una niña rubita que fue la mayor alegría del clan familiar de hermanos y hermanastros.

- ¡Comadre, no sabes lo felices que somos con nuestros hijos, nietos y biznietos!.