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::: La camisa

Autor: Asunción Pérez Berrocal Ver autor

Publicado: Del tálamo al cálamo (2007) Ver obra

 

La camisa

Corría el año cuarenta, y
un matrimonio avenido,
a eso de las doce y media
después de bien almorzados,
deciden dormir la siesta.

Serapia pronto se empeña
en reducir la sosez
le propone sin demora
se introduzca en la camisa,
de lino torzal curado,
que su madre le había dado
en la dote singular.

El cuarentón bien formado
y dotado, no digamos,
no dudó ni un segundín
aceptar aquel reclamo.
El matrimonio acoplado
gozaron de gran solaz
dejando todo de lado.
La siesta corría lenta,
bajo la mirada atenta
de la gata en el corral
por la ventana entreabierta
entrando una brisa fresca
que soplaba sin cesar.

Pasadas las cinco y media,
que al mediodía empezó
el famoso restregón
de la Serapia y Bernardo,
la mujer siente ya angustia
de verse tan protegida
y quedito le prodiga
que abandone el buen rincón.
Mas, cuando el marido intenta,
desasirse de su amada
una coraza lo atrapa
que no la deja escapar.

Los ayes de ella comienzan,
rezongón él todavía
pues pronto terminaría
el restregón singular.
Y comienza el forcejeo,
mas, no hay alternativa
pues la fémina lasciva
ya se quiere desasir.

-Salta por abajo, leches,
lo mismo que te has entrado
resbalándote lentito
y pon en ello cuidado.
-Mujer, no puedo, no puedo.
Mi cuerpo está anquilosado.
Dar marcha atrás imposible,
¿No ves que estoy adosado
entre la camisa y tú?

Valiéndose de mesura
acuerdan darse una vuelta
y al suelo poder caer,
rodar hasta la cocina,
apañar aquel cuchillo
que afiló recientemente
en la fragua el tío Basilio.

Rodando como tinajas
se topan con el umbral,
cosa que no habían previsto,
que construyó el tío Evaristo
al separar la cocina.

Las náuseas hacen presencia,
el sudor los rodeaba;
de esta manera claudican
sin poderse contener:

-¡Socorro, vengan por Dios
queremos salvar la vida!

Y esta orgía desmedida
fue conocido por todos,
corrió como un polvorín.