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::: Fermín

Autor: Carlos Daucousse Sánchez Ver autor

Publicado: Un torrente gota a gota (2005) Ver obra

 

Fermín

El día en que Fermín, por primera vez en su vida, se fue del huerto sin cerrar la salida de la poza, no olía a nada especial para un verato: a tomateras aquí; a pimenteras junto a la cerca; a la tierra mojada de los surcos que Fermín redibujaba constantemente, variando el curso del agua... Olía a La Vera, simplemente.

Alguien llegó apresurado llamándole a voces. Cruzaron unas palabras y Fermín tiró el azadón.

Ese día corrió Fermín como nunca lo había hecho. No se llevó a la mula que, con los bezos entre la hierba, siguió a lo suyo. Su perro le seguía por la cuesta que sube hacia el pueblo. Algo se rompía en el alma de Fermín y los trozos se le acumulaban en la garganta.

Llegó. Gritó. Se hizo dueño de la situación con unas pocas órdenes y, mientras viajaba camino del hospital, hizo una promesa.

Varios meses hace ya. Su hija compite con una amiga: «¡A ver quien llega antes a la Picota!» La Picota de la vergüenza proyectaba larga sombra; dedo acusador de otros tiempos.

Todo ha pasado. Todo menos la noche en que Fermín habrá de saldar su “deuda”.

Los días se alargan en el hemisferio norte. La nieve en Gredos retrocede hacia las cumbres al ritmo de la cabra montés. La vegetación, tan descomedida en La Vera, hace provocativos guiños.

– Esta es la noche que esperaba. Hoy no voy al huerto.

Fermín hubiera querido tener a su madre en casa, especialmente esa noche, pero hace un año se le fue tras unas luces que sólo ella vio. Es Jueves Santo. A partir de la medianoche, saldrán los Empalaos en Valverde de la Vera. Esta noche, Fermín, tendrá un nuevo tipo de comunicación con los suyos, y con su Cielo.