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::: En mi bolsillo

Autor: Esperanza Núñez Ver autor

Sin publicar (200..)

 

En mi bolsillo

Salí corriendo de casa, ya iba diez minutos tarde. La boca del metro estaba cerca, pero cada vez parecía mas lejos,”hoy me gano una bronca del jefe”. En el metro no hay mucha gente. Miro el reloj, ¡Dios mío es muy tarde! ¡Ya siento el traqueteo! ¡Ya viene! El metro para y yo entro en el como una tromba. Menos mal, hay un asiento libre. Me siento, respiro hondo y me tranquilizo. Miro las pocas personas que hay en el vagón, la mayoría jóvenes adolescentes que van con sus mochilas, no sé si a clase o a no entrar en ella.”Juventud, divino tesoro”, pienso. A mi lado se sienta un chico de aspecto indio, con su vestimenta un tanto bohemia. “Indio que asomas a la puerta, para mi sed, ¿no tienes agua? Que tonterías se me ocurren esta mañana.

Más allá una pareja, se miraban y se sonreían con caras enamoradas. Por un beso, yo no se lo que diera por un beso”.Pero bueno, ¿que me pasa?,  será que no quiero pensar en mi jefe.

Para en la estación siguiente unos segundos, que a mí me parecen eternos. ¡Vamos sal ya de una puñetera vez! Entra un matrimonio, o creo, ella le enseña unos papeles a el, y le dice que tendrá que firmar aunque sea con una cruz, eso bastara. Señor rector ¿Quién supiera escribir? Y ahora ¿Qué?, pero si estoy recordando a Campoamor. Mejor sigo mirando a la gente que entra y sale de los vagones. En el asiento de enfrente hay una chica, parece triste, me gustaría saber que le pasa. La princesa esta triste ¿Qué tendrá la princesa?, los suspiros se la escapan de su boca de fresa.

Esto es el colmo, mi cabeza definitivamente no anda muy bien, mi jefe influye demasiado en mí. ¡Al fin, llego a mi estación! salgo corriendo, y al llegar a la calle, meto la mano en el bolsillo de mi abrigo. Tenia algo en él, lo saco y ¡sorpresa!, era un libro de bolsillo que había estado leyendo el día anterior. Sonreí, ya sabía de donde venían estas ideas tan raras. Era la voz de los poetas que querían que les diera forma con mis pensamientos, con mi imaginación y con mi voz.

Cuando llegue a la oficina mi jefe me echó una gran regañina. Yo le mire, le sonreí y dije:

- Yo no sé muchas cosas es verdad. Digo tan solo lo que he visto.

Me fui a mi puesto de trabajo y mi jefe se quedó de piedra.