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::: El viaje

Autora: Genara Bermejo Ver autor

Sin publicar (2006)

 

El viaje

Una noche fría y oscura de Noviembre, en la estación de ferrocarril, a la sala de espera van llegando viajeros, el lugar es desastroso, sin puertas ni nada que se asemeje a comodidad, hay una bascula oxidada para uso de los viajeros, que tienen que pesar sus equipajes, también hay un viejo manubrio que maneja el señor Jociles, guarda agujas de la estación, bien conocido de todos los que en mil novecientos cuarenta viajan en tren.

La señora Bernarda que se dedica al contrabando de tabaco y café, esa noche no se encuentra bien: Jacinta hija, quiero me acompañes en este viaje, yo sola no puedo con la carga, sí madre pero quiero que venga Lucía mi amiga.

Jacinta habla con los padres y después de muchos ruegos, aceptan la invitación.

Bernarda, Lucía y Jacinta, cargadas, se dirigen a la solitaria estación, allí van llegando viajeros, todos del mismo gremio, el contrabando.

La noche se anima hasta hacer sonar el viejo manubrio, animando a bailar. Para mí era todo tan extraño, cuando se acerca un joven sonriente, con cara de pillo y me invita a bailar, yo roja como una amapola, emocionada acepté la invitación, con timidez le dije: lo siento, no sé bailar, no he bailado nunca. Mirándome a los ojos con sonrisa de pícaro, me dice: tú déjate llevar.

Se escucha la canción de la parrala, la lirio, y muñequita linda, yo no podía imaginar tanta emoción, en mi vida había sentido algo tan maravilloso, junto a un hombre que me abrazara con tanta fuerza, hasta dejarme sin aliento.

Jacinta mira el viejo reloj, al tiempo que escucha los ronquidos de su madre que duerme ajena a todo.

El viejo manubrio sigue sonando, a media luz la noche avanza, mientras, yo alucinada, no quito ojo a mi acompañante, un moreno agitanado, ojos marrones, pelo negro, un gracioso bigotillo, trasmitía un agradable olor a perfume, más tarde supe que era a barón dandi, era todo una finura, recién llegado de la capital de cumplir el servicio militar, se considera un maestro de pluma fina, que tiene en sus brazos una joven, de ojos verdes, pelo rubio recogido por dos largas trenzas.

Yo con mis calcetines tobilleros, jersey rojo regalo de mi abuela Cayetana, que lo estrenaba esa noche, para el viaje al pueblo de la señora Bernarda.

La noche se hace pesada por la tardanza del tren, para mí todo era diferente,era una noche de ensueño y sensaciones, que vivía con fuego, por las manos del joven que me invitó a bailar y me acompañó toda la noche hasta la llegada del tren.

Cuando la noche avanza, despierta en mí la curiosidad y le pregunto: ¿Tú también vas de viaje?. No bonita estoy trabajando, trabajo como mozo de estación, para cargar las mercancías facturadas, aquí tengo que permanecer hasta la madrugada, así te acompaño hasta la llegada del tren.

El viejo manubrio dejó de sonar, el Gregorio, que era el que le daba a la manivela, se había dormido, como casi todos los viajeros.

Jacinta está extrañada por la actitud del joven desconocido, que en ningún momento se separa de mí, está muy cariñoso.

Mientras, sus manos trepan por mi cuerpo hasta palpar mis jóvenes senos, que despiertan la pasión y el deseo.

El viejo reloj avanza, la noche se escapa, el tren está a punto de llegar, y aún no sabemos nuestros nombres.

Yo Lucía ¿y tú?

Yo Joaquín, Quini para los amigos. Lucía eres preciosa, me he enamorado de ti ¿Puedo saber qué edad tienes?

Yo encantada, quince años ¿y tú?

Yo unos cuantos más, otro DÍA te lo digo.

El domingo tenemos aquí una fiesta y baile con el manubrio, te espero.

Sí Quini, si mis padres me dan permiso aquí estaré encantada.

Después de mucho llorar conseguí, junto con mi amiga Jacinta, volver a reunirme con el joven que había despertado en mí un amor que me volvía loca.

Ese día volvimos a bailar abrazados, como aquella noche en la sala de espera, escuchando el viejo manubrio en la estación esperando el tren, esa noche fue muy especial para mí, el joven que me invitó a bailar, me acompañó toda mi vida, tan enamorado como la noche que nos encontramos en la sala de espera de la estación.