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::: El favor

Autor: Juan Diego Castro Vegas Ver autor

Publicado: Del tálamo al cálamo (2007) Ver obra

 

El favor

Nicomedes y Aurelia son un matrimonio de alrededor de cuarenta años; una de tantas parejas a las que la vida no les ha deparado el bienestar necesario como para ser, ni siquiera, medianamente felices. Se casaron hace ya mas de veinte años y son muy pobres; nunca han tenido nada, por no tener no tienen ni hijos, y eso es algo de lo poco que se alegran, piensan que, al menos, no sufrirían ni lo pasarían tan mal como lo estaban pasando ellos.

Como era tanta la miseria que arrastraban y casi no tenían ni para comer, una noche, recién acostados, Nicomedes fue consciente del buen cuerpo que su mujer tenía a pesar de los años y de la vida de privaciones que llevaban.

Nico, (así le llamaba ella) después de conseguir descartar vergüenza y llamadas admonitorias de su propia conciencia, hizo una proposición un tanto indecente a su mujer:

–Auri, (así la llamaba él) ¿tú serías capaz de trabajar con otros hombres, entregándote a ellos a cambio de dinero?

Ella guardó silencio y pasados unos instantes le respondió:

–Nico, ¡pero cómo se te ocurre semejante barbaridad! Yo que soy la mujer más decente del mundo y vienes tú y me propones que ejerza la prostitución; oye Nico que una es pobre pero honrada, ¿eh? ¿y qué pensarás tú?, ¿y la gente, qué dirá la gente? Además yo no sé como se hace eso.

Nico la tranquilizó diciendo que al fin y al cabo no era tan malo, si lo hacía era para sacar algo de dinero con el que luego podrían alimentarse mejor y que si ella no sabía nada de ese oficio, él la enseñaría, pues había sido un hombre más de mundo y sabía algo de eso; y en cuanto a la gente, que le daba igual lo que dijeran o pensaran. Terminó diciéndola que se tomara el tiempo necesario para decidirlo, que no tenía por qué empezar hoy mismo.

Estas palabras aplacaron el enfado de Auri aquella noche y, como buen matrimonio, los dos durmieron plácidamente abrazados.

Después de tomarse un tiempo para decidirse, no tanto como hubiera deseado ella, pues la necesidad apremiaba y el hambre acechaba, por fin decidió Auri que sí, que intentaría empezar al día siguiente su nuevo oficio, en el que su cuerpo pasaría de mano en mano y por algún sitio más de un hombre a otro, y a otro, y a otro, aunque fueran todos desconocidos para ella.

Y llegó el día “D” para Nico y Auri, una pareja que, aunque pobre, estaba bien unida hasta ese día. Salió Auri a la calle y se situó en una esquina; justo dos portales más abajo se puso su marido tal y como habían acordado previamente, por si hiciera falta solicitarle algún consejo, ya que él decía tener experiencia de lo que ella debía decir o hacer a cada cliente que se acercase a solicitar sus servicios. Nico la dijo a su mujer que cuando la preguntaran que cuánto, ella contestara con aire de provocación –son 50 euros.

El primer cliente que llegó a ella con ganas de sacar provecho, era un hombre mayor y bastante mal plantado, después del saludo pertinente e intercambiar unas palabras Auri se fue hacia su marido y le dijo:

-Oye Nico, ese señor quiere hacer algo conmigo, pero dice que sólo tiene 20 euros ¿qué hago?

-¡Ah no!, eso ni hablar, –le respondió Nico– por ese dinero le enseñas un pecho y allá se apañe él como pueda, pero uno sólo ¿eh?

Ella se dio la vuelta diciéndole: Vale.

Al rato viene otro hombre a su encuentro y la saluda con un piropo; ella ve en aquel joven un tío bandera, de aspecto fornido y con moreno caribeño, y pensó para sus adentros –éste no se me escapa.

Entablan conversación y al momento se acerca ella otra vez a pedir consejo a Nico aunque pensaba que esta vez no la hacía falta consultar nada, lo tenía claro, sólo había un problema, el de siempre, el jodido dinero, –ya es mala suerte–, se dijo. -Mira Nico, ése caballero quiere que me vaya con él, pero dice que sólo dispone de 40 euros, ¿qué hago por ese dinero?

-Bueno por ese dinero ya puedes hacer algo más –dijo Nico–, te abrazas a él, te magrea un poco y le dejas que te vea y te toque los dos pechos, pero sólo eso, no te pases, ¿vale?

Auri se vuelve para el cliente un tanto descontenta del consejo que le ha dado su marido, pensando ella que bien podía hacer algo más.

Una vez metida en faena con lo que la había dicho Nico, ya que el joven tan bien plantado comenzó a desabrocharse la camisa, ella acarició su torso y su espalda y él la cogió por la cintura y la pegó a él por las nalgas. Auri notó algo bajo el pantalón de aquel joven apuesto y lo palpó con una mano comprobando su descomunal tamaño. No se pudo resistir cuando él, con maestría ya le había desarropado los pechos y los acariciaba con suavidad produciendo en ella algo inesperado. De pronto Auri se aleja del cliente, se compone un poco la ropa y se atusa otro tanto el pelo para acercarse, un punto encendida, a donde está su marido, quien había contemplado sin ningún rubor lo que estaba sucediendo.

-Oye Nico, ¿no tendrás por ahí 10 euros para que hagamos el favor a éste hombre y así nos apañamos todos?