La asociación Cultural Cálamus Envíanos tus comentarios
 
Inicio > Escritos > El espejo

::: El espejo

Autor: Manuel Simón Vicente Ver autor

Publicado: Un torrente gota a gota (2005) Ver obra

 

El espejo

Hoy será la última vez que vea mi rostro en este espejo: mi barba blanca, mis ojos ajados, mi frente arrugada y ancha, mis dientes escasos y negros. Ya no veré más mi rostro en este espejo. Los ojos se me llenan de lágrimas. En un momento vendrá la empleada social para llevarme al destierro.

¿Qué será de mi, de esta casa, de estos objetos? La asistenta me dice que no necesitaré nada, que allí todos están satisfechos. Una lista triste y fría: dos mudas, dos pijamas, dos corbatas, dos chaquetas, es todo cuanto necesito, todo está resuelto.

Allí no te faltará de nada, me repite, mientras me invaden todos mis recuerdos. ¿Qué será de mis fotos, de mis discos?, ¿quién ordenará mis sellos?, ¿quién regará mis macetas?, ¿quién velará por mis perros?, ¿quién cuidará de los muebles, quién fregará los suelos?...

Ya es la hora, ya suena el estruendo. Viene la Asistente Social y sus maleteros. Con su falsa sonrisa me animará, para llevarme al abismo, al infierno. Es por tu bien, me repetirá como un cencerro. Es por tu bien, tu ya no puedes un día más vivir solo. ¡Son tantos años, expuesto a este deterioro, estas tan enfermo!. Y a mí que te importa morir aquí, o en la soledad de los muros del averno. Pero ella necesita salvar su “conciencia”, su pellejo.

Toda la vida esperando que lleguen tiempos mejores, la ilusión de lo venidero. Qué mentira, primero el internado: que triste colegio, que frío, que silencio, que miedo. Luego la odiosa mili, su disciplina, sus injusticias, sus fueros; luego el paro y a continuación el trabajo, siempre insufrible, siempre en precario, siempre con un jefe incompetente y altanero. Al fin, el matrimonio, un poco de esperanza y sosiego, cuatro días efímeros de dicha y luego, el desencanto, el aburrimiento.

Laura, mi queridísima hija murió en aquel maldito accidente de tráfico, la otra se fue tan lejos... ni una llamada, ni un recuerdo...

Mi mujer se murió de pena, los últimos años fueron un infierno. Mas de 20 años solo, encerrado en este vivero. Hoy a la fuerza me llevan al asilo, ya oigo el estruendo.

Al asilo donde voy no hay espejos, será para que los residentes no vean que no están vivos, que están muertos.