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::: El Cartero

Autor: Genara Bermejo Ver autor

Sin publicar (2006)

 

El Cartero

Que era de lo más "apañado" que puede haber en cuanto a que nunca estaba contento con el régimen que tenia, en su trabajo.

Cuando terminaba su jornada estaba hasta las narices de tocar picaportes, porque su hora de reparto era justo cuando se estaba emitiendo, la novela Los ricos también lloran, si, si, el que lloraba era él porque las señoras se las olvidaba, que estaba el cartero en la puerta, con un calor asfixiante. Se sacaba el jarapal de su camisa y se secaba, el sudor, con unas ganas... de que alguna se lanzara a contarle, algo que le diera, alguna pista de por donde iba la novela.

Total que su reparto era interminable, con el agravante, que lo tenia que hacer en dos pueblos más. Pero el trabajo le tenia muy castigado, porque en cada pueblo, tenia una norma. En el primero tocaba un pito, al “pitio“ acudían, la madre que tenia el hijo en Ceuta, la novia que tenia el novio en Canarias, algunos mandaban, fotos en bañador y se las enseñaban, lo que va dando, alegría, a su vida.

En el pueblo siguiente, lo hacia de otra manera. Utilizaba una “turuta“ que tocaba en la plaza a la puerta de la iglesia, y en los sitios más céntricos. Como allí llegaba mas tarde, se emitía, un programa donde cantaba, Molina. Soy minero y Manolo Escobar. Mi carro. Pero lo que le robaban, a él era la vida y el aire de sus pulmones, que se quedaba seco tocando su “turuta”.

Cuando terminaba su jornada, soltaba las herramientas: su cartera, su pito, su turuta, y aparcaba la bicicleta, medio de trasporte, que utilizaba, para moverse de un pueblo, a otro, se quitaba la gorra, y decía, ¡ mierda, de caudillo, me podía, poner otro vehículo, que yo trabajara con mas rapidez¡.

Lo comenta con la parienta, como él dice, y contesta ella “no te sé arreglaran, las cosas por ser fascista” Sí mira Casilda, que yo sé “tos“ los secretos de los tres pueblos, así que cuando te lo digan, contesta, somos todos lo mismo, y si no que se lo pregunte, a tu marido, que se mete la gorra asta los ojos por no ver las cartas que reciben, algunos vecinos de estos pueblos. Tú diles que por favor guarden silencio, que yo me quedare calladito, y dejen en paz al caudillo, para que no nos falte el jornal, para mantener a nuestro hijo, y menos mal que sólo tenemos uno y si las cosas no cambian, también será fascista.

Dice Casilda ¡uno más no, que vergüenza, si el niño tiene que tomar la 1º comunión, si se entera D. Regino, no se la da!. El cartero contesta, no te apures mujer, si el cura, es el que mas tas recibe, y no cartas de cualquier manera, que son cartapacios, y yo, aunque con la gorra hasta los ojos, veía los remites y ¡MIERDA! por ser el cartero, me tengo que estar callado, y si el muchacho, quiere ser fascista, que lo sea y tu madre y la mía, te lo explico, somos todos lo mismo, lo de fascista no se lleva en la cara sino en la sangre. Si tu te cortas un dedo el color de la sangre es roja, como la de todos los humanos, también la del caudillo. Y es que de rojos tenemos todos una parte.

Así es como nuestro, cartero terminó conduciendo, un seiscientos y un matasellos en sus manos.