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::: Documentado elogio del pimiento

Autor: Leticia Rosson Massa Ver autor

Publicado: Palabras con Pimiento (2008) Ver obra

 

Documentado elogio del pimiento

Se le conoce por el nombre de Oro Rojo y, desde que el “Capsicum annuum” saltó la tapia del huerto de los Jerónimos de Yuste –que lo habían traído debajo las sayas de algún lugar de América Latina en el que, humildemente, lo llamaban “ají”–, para caer entre los surcos de las pequeñas fincas del contorno y comenzó a extenderse su cultivo a las huertas del terruño popular... pasó, repito, desde ese punto y hora, a formar parte del sostén, el salto productivo y la esperanza de crecimiento de La Vera, y a convertirse en eminente sustituto del hasta entonces perejil de todas las salsas.

Su fama sin embargo, no es gratuita. Y hay que admitir que si en la actualidad se extiende desde El País del Hielo a la Patagonia, y abarca territorios tan dispares, es por mérito propio. Se utiliza en innumerables recetas de cocina, y antaño se mezclaba con vinagre para bruñir el cobre, curtir los pepinillos y las pieles, eliminar bichos molestos y elaborar adobos y salazones que permitían la conservación alimentaria prolongando la vida de los productos frescos. Es ingrediente esencial de muchos guisos, y aliño de cualquier cosa que se entripe, en tiempos de matanza. Resulta imprescindible en los pucheros y como aditamento de muchos escabeches y tasajos o para aderezar los guisos “de cuchara”; sazona infinidad de joyas gastronómicas y colabora en dar un toque de alegría a los cocidos y a las ensaladas.

¡Bendito sea, pues, el oro de nuestros surcos!: en Castilla se refieren a él como “gloria bendita”, y son tantas sus virtudes y tan reconocida su denominación –como supremacía en origen– de La Vera, que ha penetrado la cultura popular y trascendido nuestro territorio; por lo que no debe extrañarnos que su valor como ingrediente y su particular sabor y aroma intenso, se vean reflejados en chascarrillos y novelas, cuentos infantiles, proverbios ancestrales, y muchas otras obras, producto de la inspiración y de la fantasía, en los que fruto y condimento comparten un protagonismo destacado, como a continuación paso a exponer y demostrar.

Valga, para abrir boca, la frustración que experimenta la Zorra de la fábula al no poder catar los deseados pimientos –“¡Bah... aún están verdes!”– que la tentaban fuera de su alcance, o la inquietud de la envidiosa madrastra de Blancanieves cuando hace la pregunta consabida de: “espejito, espejito, ¿verdad que nuestro pimentón es el mejor del mundo?” alarmada por el descenso del turismo y la escasa demanda de plazas hoteleras de su reino. Sin olvidarnos de la castiza frase de “…y a la mano con un pimiento” que reafirma en el Mus el turno del que abre el juego. Así como de la otra que determina que “estar a partir un pimiento” con alguien, es un signo evidente de buena convivencia, o incluso aquellas que, inspirado en los vergeles de nuestros regadíos de pimientos, hace García Lorca cuando versifica:

Verde que te quiero verde
verde pimiento en la rama
el caballo en su labor
y la luna en la montaña

Por no citar íntegramente el extenso poema conocido por “If” de Rudyard Kipling del que no obstante reproduzco unas estrofas.

–Si marchando con reyes guardas tu sencillez,
y no pueden herirte amigos ni enemigos.
Si al triunfo y la derrota tratas como impostores...
Y eres capaz finalmente, de llenar, el minuto implacable
con sesenta segundos de combate bravío,
tuya será la tierra y sus frutos codiciados. Y, lo que es más:
tendrás un par de buenos pimientones, hijo mío.

O aquella exclamación nostálgica de nuestro gran poeta Pedro Salinas:

–... serás pimiento un largo adiós que nunca acaba...

Naturalmente, existen otras referencias de proyección universal, que mencionan, destacan e institucionalizan, tan singular producto y condimento; como la que hace el Manco de Lepanto, cuando comienza su inmortal novela, escribiendo torpemente –porque es de suponer que con la mano zurda que, según dicen, le comieron los cerdos... y la diestra perdida en la batalla, contra el turco... y la serrada por el peso de sus cadenas, durante el cautiverio que sufrió en Argel, lo hubiera pergeñado algo mejor–:

En un lugar de La Vera de cuyo nombre no puedo acordarme, vivía un ingenioso hidalgo de los de rocín flaco y galgo corredor. Olla con pimentón los lunes en su mesa; fritanga –o frite– de pimientos con el yantar del martes, al mediodía; pimiento de entradilla para el miércoles, salpicón de pimientos las más noches, ensaladilla de pimientos cada dos jueves; escabeche con pimientos –si le pluguía a su sobrina– los viernes y los sábados; y patatas revolconas, con pimentón (y ¡pichón en vuelo!) algún que otro domingo, consumían las tres partes de su hacienda...

Y luego está la retahíla ejemplar de dimes y diretes, chascarrillos, coplillas y referencias cultas, como las frases célebres con las que, acerca del tema que nos ocupa, algunos personajes se han explayado:

Quién no tiene pimientos ni pimenteras, tampoco tiene amigos ni heredó hijuela (Baltasar Gracián)

El buen pimiento no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece (Jacinto Benavente)

Amar, no es mirarse a los ojos, es comer los pimientos del mismo plato (A. de Saint Exúpery)

El mejor pimiento del futuro, es el pasado (Lord Byron)

El pimentón es el polvo de la eternidad (Cicerón)

Ni nos comemos el mismo pimiento cada día ni nos bañamos nunca en el mismo río! (Heráclito)

En un pimiento hay muchos días (W. Shakespeare)

Los pimientos cuanto más vacíos más ruido hacen (Alfonso X el Sabio)

Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debe saberse sobre el pimiento, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debe saberse (Duque de la Rochefoucauld)

El cinismo consiste en ver las pimenteras como son y no como te gustaría que fueran (Oscar Wilde)

También quisiera a estas alturas dejar constancia de alguno de los “latinajos” más representativos de la fama alcanzada por el pimiento en el mundo latino –o mundo antiguo–, aprovechando al mismo tiempo la referencia, para hacer hincapié, en su carácter meritorio, habida cuenta de que en la mayoría de estas citas, el llamado nuevo mundo, cuna de nuestro “capsicum annuum” aún no se había descubierto:

Pimentus fugit
Ab uno pimentum disce ommes (Por un sólo pimiento conoce a los demás)
Bonun pimentorum lætificat cor hominis (El buen pimentón alegra el corazón del hombre)
Omnia vincit pimentorun (Todo lo puede el pimentón)
Pimentus llucet ómnibus (El pimiento brilla para todos)
Carpe diem pimentorum (Horacio)
Aquila non capit capsicum annuun (Águila no caza pimientos)

Etc, etc.. para no aburriros.

Aunque, no obstante crea oportuno recordar, algún Proverbio de los muchos que en la medida de su conocimiento, raza, etnia, país, creencia religiosa y grado de civilización en general, ha ido elaborando el ser humano, a lo largo de su vida, para sembrarlos a lo ancho de la tierra. Pensamientos sentenciosos, originados desde distintos puntos del planeta, que transcribo brevemente como sigue:

Si deseas ser feliz un día, emborráchate. Si deseas serlo tres días, cásate; pero si deseas serlo toda la vida, siembra un huerto de pimientos. (Proverbio Chino)

Si un hombre tiene hambre, no le des un pimiento: enséñale a sembrarlo. (Chino)

Hay cuatro cosas que nunca retroceden ni pueden devolverse al punto de partida: la palabra ya dicha, el pimiento maduro, la flecha lanzada al aire y la oportunidad perdida. (Chino)

No hay pimentera que el viento no haya sacudido. (Hindú)

La huerta de pimientos mejor cercada, es aquella que puede dejarse abierta. (Persa)

El pimiento, la luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen. (Portugués)

La mitad de la alegría de una buena cosecha de pimientos reside en presumir de ella. (Indio)

Si tratas de enseñar a cantar a un pimiento, aburrirás primero al hortelano y luego, al cocinero. (Ruso)

–Al pimiento que tiene dinero se le suele llamar señor pimiento. (Árabe)

Un pimiento es un jardín que se puede llevar en el bolsillo. (Árabe)

Siembra pimientos antes de tener hambre. (Chino)

Un pimiento abierto es un corazón que habla; cerrado, un amigo que espera, y olvidado en la mata, un alma que perdona. (Hindú)

Sin olvidar los guiños que los modernos cineastas han incluido en muchas de sus cintas, como el que paso seguidamente a mencionar:

–El mío cayó primero.

–El mío era más alto.
(Kirk Douglas y John Wayne, después de disparar a una mata de pimientos en “Ataque al carro blindado”)

Y, para concluir, recordemos también, alguno de los múltiples ejemplos del “decir” y de las otras muchas manifestaciones del habla y la sabiduría popular en las que he basado gran parte de este estudio, tras haberlas recuperado en la forma más extendida –y menos culterana– con las que el vulgo las conoce, y que hemos dado en llamar “refranes” o “sentencias” para no hacer patente la pereza mental de que hacen gala con frecuencia:

A Dios rogando y con un pimiento dando
Cría pimientos y te sacarán los cuervos (¿Acaso del sembrado?)
Pimientos somos y en el huertecito nos encontraremos (¡eso sí!)
Que la mancha de la mora con un pimiento se quita
¡A buena hora pimientos verdes!
A pimiento que huye, sartén de plata
Contigo pan y pimiento
A la mujer casta un pimiento le basta (sin comentarios)
Al pimiento lo pintan calvo
Al pimiento, pecho
A nadie le amarga un pimiento dulce... aunque tenga otro en la boca
¡A otro perro con ese pimiento!
A quién Dios no le dio pimientos, el diablo le da sobrinos
Hay que agarrar al pimiento por los cuernos y al hombre por la palabra
Al peligro con tiento y al pimiento con tiempo
Algo tendrá el pimiento cuando lo bendicen
Aunque el pimiento se vista de seta, pimiento se queda
Pimientos y modales abren puertas principales
¡Ojo!... que te dan liebre por pimiento
El agua para los bueyes y el pimiento para los reyes
El ojo del amo engorda el pimiento
Si con pimientos te acuestas, bien cenado te levantas
El pimiento y el melón, como salen, son.

Y ya nada más. Salvo para cerrar este emotivo y bien documentado elogio del pimiento con un recuerdo emocionado para nuestra Copla:

–¡Serranaaaa!... pa un pimiento yo te quiero regalaaar
Yo te dije, “estás cumplío”, no me tienes que dar ná.

–A la mar maera, y a la Virgen cirios
Y pa pimientos mare de mi alma,
los que tié La Vera... y los que quié la Lirio.

–Donde vas Pimiento XII, dónde vas, triste de ti
Si el pedrisco te deshizo, te secó... que yo lo vi,
y cuatro duques te llevan a Rivas Vacíamadrid.

–Naaaa te pido, naaa te debo, entre esas paredes
dejo sepultao, too el pimentón dulce, que te di y me diste
y esa ristra que ahora pa otro lucirás.