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::: Despiste

Autor: Genara Bermejo Ver autor

Sin publicar (2006)

 

Despiste

Paula siempre dijo que su destino era ser soltera y tía en la vida. Y ahora, en efecto a sus 79 años ejerce de ambas. Pero antes fue otras cosas. Era católica y, sin embargo fue secretaria de un ministro comunista en la republica.

Era de derechas y, sin embargo. Acompañó al último Gobierno republicano a Extremadura.

(No era espía) Era católica y, sin embargo se reía de la profunda piedad del ministro almirante que en los gobiernos de Franco la tuvo de secretaria.

Era de derechas y, sin embargo, ridiculizaba en las tertulias la política que pasaba por su teléfono, su mesa y su maquina cada DIA.

(No era católica progresista.) Sencillamente es que Paula poseyó siempre un triple sentido innato para andar por la vida: sentido común del humor y sentirse liberal.

Progresivamente la vida la fue dotando de un cuarto sentido: el del ridículo ajeno ¡tan útil y tan fácil de alimentar! Y en ella, divertido. Y cuando le llegó la hora del finiquito laboral había adquirido de forma admirable un quinto sentido: el de seguir atendiendo el teléfono de un almirante pese a haber perdido la capacidad auditiva.

Sin teléfono, ya sin máquina, sin mesa y sin almirante-ministro, Paula volvió a cultivar un nuevo par de sentidos: el del despiste y el familiar.

Guiándose por el primero, todavía confió en que alguna vez tras doce años, al verme, no me llame Paula, nombre que corresponde, al parecer, a un conserje que fue del ministro de Marina.

Y sin embargo, ha sido el sentido familiar el que ha introducido y calado mayor al tiempo, postlaboral de Paula , que ejerció siempre por propia voluntad de soltera y tía en la vida.

Guiándose por él ha descubierto que el más remoto antepasado en la familia fue un hijo bastardo de Alfonso X el Sabio. Una vez contrastado el descubrimiento, invitó a cenar a dos sobrinos para explicarles el hallazgo de tan honrosa bastardía.

Guiándose por él ha descubierto que un ilustre antepasado con su mismo apellido figura en el Espasa como el primer marino español que obtuvo patente de corso para ejercer la piratería. Una vez contrastada la información, invitó a otros sobrinos a cenar en el Chichón de Madrid para explicarles el hallazgo de tan rentable precedente.

Guiándose por él ha descubierto que hace poco más de un siglo un bisabuelo de la familia perdió las islas Filipinas para España sin tiempo siquiera, mientras le hundían las barcas, para inventarse una historia. Una vez contrastada la información nos invitó a cenar en el hotel El Emperador a mi mujer y a mí para explicarnos el hallazgo de tan distinguido emparentamiento.

Cuando llegamos, ella estaba ya en la mesa que había reservado.

Sin sentarnos todavía, nos dijo:

- Si hemos de cenar, llevarme a casa. He olvidado la dentadura postiza.

Y es que en el caso de Paula tampoco se la ha jubilado el sentido del despiste.