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::: Derecho de réplica

Autor: Manuel Simón Vicente Ver autor

Publicado: Un torrente gota a gota (2005) Ver obra

 

Derecho de réplica (Panfleto literario irreverente)

Hay personas malas, y, otras que no tienen ningún sentido del humor. De las primeras hay que cuidarse, son peligrosas; las segundas, son verdaderamente insufribles, siempre amargando la vida a la gente, siempre exhibiendo su disgusto, constantemente atormentadas; pero los sujetos que son malos, y que a la vez no tienen ningún sentido del humor, estos son verdaderamente unos hijos de puta. Llegados a este punto quisiera hacer una aclaración, hay quienes piensan que el término “hijo de puta” es, además de malsonante, verdaderamente injusto, pues las madres no tienen la culpa de las felonías de los hijos. Yo estoy en desacuerdo con ambas acepciones. El termino es rotundo, explícito muy clarificante: un dardo en la palabra, por tanto, muy valioso en la lengua castellana. Respecto a la responsabilidad de las madres en la conducta de los hijos, es evidente que existe, pues no en vano, han sido ellas las que más han influido en nuestra educación. Lo que quiere decir, que no sería justo exonerar a las madres de este compromiso. O sea, son las madres, en buena medida, las responsables de que haya tanto hijo de puta suelto.

Cuando éramos chicos organizábamos verdaderas batallas campales para formarnos como hombres para el día de mañana, a saber: dos bandos bien definidos se parapetaban detrás de sendos montículos bien surtidos de guijarros y comenzábamos a apedrearnos sin contemplaciones; otra variante, sobre todo en época de deshoje del tabaco, consistía en lanzarnos los palos de tabaquera cual lanzas de Hutus y Tutsis. Pues bien, las heridas en el fragor de la batalla se consideraban lances de guerra y dignas de ser exhibidas, lo que estaba muy mal considerado era la traición y la cobardía una vez finalizada la refriega. Los cobardes recurrían a sus madres o a sus hermanos mayores para vengarse de lo que no habían sido capaz de ganar honradamente en el campo de batalla. Quiero decir con esto que hasta en los momentos más difíciles de la vida son necesarios unas reglas mínimas de juego para poder convivir, sin estas pautas mínimas de comportamiento sería imposible vivir en sociedad. Hay, por desgracia, mucho fullero que cuando no es capaz de ganar en buena lid, enseguida quiere cambiar las normas. Me estoy refiriendo, naturalmente, a los nacionalistas, siempre insaciables en sus reivindicaciones y privilegios.

Mi madre siempre me decía: “se bueno y estudia mucho para llegar a ser alguien el día de mañana”: Lo de ser bueno consistía en ir frecuentemente a catequesis y misa, obedecer las arbitrariedades que te mandara cualquier fulano por la calle o en casa, y poner la otra mejilla cuando te dieran de hostias. Es evidente, que mi madre, la pobre, estaba equivocada. Para colmo, yo estuve cuatro años con los Carmelitas Descalzos con lo que se me agudizó terriblemente el concepto de bondad o gilipollez cristiana. Total, que para poder desenvolverme en la vida con cierta soltura, he tenido, con el tiempo, que ir adquiriendo suficientes dotes de “mala leche”, de lo contrario no habría podido sobrevivir entre tanta fauna salvaje como hay por el mundo. En cuanto a lo de estudiar para ser algo el día de mañana, creo que mi madre también estaba equivocada; toda la vida estudiando para nada, y en cambio, conozco a muchos hijos de puta semianalfabetos que han llegado bien lejos.

Hay un tipo de personaje que tengo bien “catalogado” es a los “progres”. NO hay nada que me joda más que un progre: van con su periódico EL PAIS como si de la Biblia se tratara, cuando cualquier imbécil sabe que no es más que un periódico de “poder”, siempre tapando la corrupción, siempre apoyando al Gobierno, para engordar su negocio. Su dueño, un franquista de cuidado, es el más rico de España y la mayor desgracia para la cultura española. Su antiguo Director, un falangista renegado, director de los servicios informativos de Televisión española en tiempos de Franco. Estos progres, como digo, en cuanto te descuidas te cuentan batallitas que como mucho soñaron, pues nunca los vimos en ninguna lucha, en ninguna barricada, sino que estaban bien ocupados en asegurarse el pan de mañana para ellos y sus cuñados. La lista de estos sería interminable, la mayoría han triunfado, el más representativo de ellos es el indecente Sardá, el de las “Crónicas marcianas”, el que presume de ser de izquierda!?, lo que demuestra que pocas veces la coherencia, la estima, el mérito sirvan para algo. A la mínima que te descuidas, como digo, te sueltan el mitin, la charla, el auto bombo... ¡que desparpajo!.Yo, a mi edad, cuando veo a un progre, si no tengo un bastón a mano me largo.

¿Hay algo más idiota que un pacifista?. Si por ellos fuera aún nos gobernaría Franco. Después de los progres, lo más necio que hay son los pacifistas, van por la vida enarbolando banderas oxidadas e ideas antiguas como poner la otra mejilla cuando te ofenden y atacan. No es que sean cobardes es que son estúpidos. Son muy fanáticos y te quieren convertir a su religión a hostias, yo más de una vez he estado a punto de ser linchado por un pacifista.

No hay nada más repugnante que el maltrato en la pareja. Conozco a más de un pobre desgraciado que es constantemente vejado por su mujer. Hay mujeres que ríen y ponen los cuernos. Hay muchas mujeres que humillan, que ofenden, que desprecian constantemente a sus maridos; que vierten en él, a diario sus frustraciones, sus miedos, sus rencores. Hay mujeres letales, que roen las entrañas; hay mujeres soberbias y malas, mujeres fatal. Para lo que no encuentro palabras, es para expresar la repugnancia que siento por los que golpean y asesinan a sus mujeres, para ello tendría que ir a la Universidad, o a un taller Literario, mismamente.

Cuando éramos jóvenes e ilusos pensábamos que podríamos redimir al mundo, que todos los hombres podíamos ser justos e iguales, que podríamos convertir la tierra en un Paraíso terrenal, donde reinara la paz y la justicia infinita. Que el hombre era bueno por naturaleza y que sólo la sociedad le pervierte. Que el hombre, en fin, podría ser redimido y que esto sería un mundo feliz. Esto lo pensaban tanto los cristianos como los comunistas, pero la verdad es tozuda. Los cristianos crearon la inquisición y los comunistas los GULAGS, y desde luego, ambos, muy poca prosperidad económica . Me viene a la cabeza, ahora, la parábola del hijo pródigo... Un padre tenía dos hijos que disponiendo, ambos de las mismas oportunidades, y habiendo recibido la misma herencia del padre, el uno decide esforzarse y trabajar, mientras que el otro decide despilfarrar la herencia y darse la “vida padre”. Pasado un tiempo el uno ha prosperado y se ha enriquecido como es justo, mientras que el otro está arruinado como un perro callejero. Pero el Padre -¡el muy cabrón!, cuando este decide volver a casa le acoge con mucha alegría, organiza grandes fiestas, y decide matar en su nombre el cordero más lustroso, mientras que para el otro hijo nunca hubo ni el más insignificante detalle . La cara de gilipollas que se le puso al hermano al no ser capaz de comprender la injustificable reacción del padre, ha sido magníficamente pintada por el insigne Alberto Durero. ¿Cómo puede la Santa Madre Iglesia Católica poner de modelo universal de justicia y magnanimidad a este padre majadero? ¿Hay algo más injusto que esto? A cada cual según su trabajo . ¡coño!

Los triunfadores van por la vida en una nube, pocas veces conscientes de sus éxitos. Creen que sus logros son justos y normales, y aunque a veces provienen de la miseria, fácilmente se olvidan de sus orígenes pues es fácil adaptarse a los nuevos tiempos. La mística católica detesta a los triunfadores pues su filosofía se basa en el gregarismo, el igualitarismo: todos somos iguales a los ojos de Dios. Por el contrario, para los protestantes, los triunfadores son los elegidos, los que están más cerca del Altísimo. A los triunfadores, los envidiamos por sus riquezas, por sus victorias, por su belleza... esto es normal, sólo los mentecatos dicen que no quieren ser como ellos, ni tener sus coches, ni acostarse con sus hermosas mujeres... son envidiosos o conformistas, pero nunca sinceros.

La estética que más me gusta, ¡que remedio!, es la del perdedor, la del fracasado. A este grupo pertenecen sólo unos pocos, los responsables, los conscientes, los más solventes. Para ser un perdedor hay que tener conciencia de ello, los perdedores son los luchadores, los que se arriesgan, los que bregan, los que pelean. La mayoría de la gente pasa por la vida sin pena ni gloria, tienen una vida vulgar, mediocre,...es decir, son felices en su nimiedad. Un perdedor, en cambio, es un sabio, un desgraciado, un testigo de su fracaso. El perdedor puede tranquilamente pegarse un tiro como hacían los románticos, encerrase en una cueva como el filósofo, o enamorarse de una rica que le ayude a ir tirando en este valle de lágrimas. Los verdaderamente felices, a los que envidio, son los mediocres, los vulgares, de ellos es el reino de este cielo.

Hablemos ahora de los fanáticos, de los sectarios. Hay muchos grados de fanatismo: el militante intransigente de un partido político, el hooligan futbolero, el exaltado religioso, los talibanes, esos tercos intolerantes hijos de Alá... Hay una cosa que a mí me tiene alucinado y es la fascinación que siente una parte de la “izquierda” por el Islam. Han pasado de quemar iglesias y matar curas a tratar de comprender al Islam, minimizando –si no justificando- atropellos como el degüello, el terrorismo,... y cualquier otra aberración de estos heroicos descerebrados... me tengo yo visto en la tele a más de un concejal de IU manifestándose por el derecho de una niña a llevar el velo en la escuela como respeto a sus culturas y creencias. ¿Y La burka? Y la ¿ablación del clítoris? ¿Y los matrimonios concertados?. También tenemos que defender esas diferencias culturales. Esto de los progres, como decía antes, ¡ya nos están tocando mucho los cojones!. Multiculturalidad lo llaman, cuando lo que quieren decir es atraso, feudalismo, superstición y miseria... multiculturalismo es la palabra mágica que todo lo envuelve. Lo primero que hace un progre, en cuanto te descuidas, y para fastidio de la izquierda, y del progreso, es ponerse una camiseta de marca y calzarse unas zapatillas fabricadas por menores en la India o en el Peloponeso.

Y ahora hablemos de sexo que es lo que verdaderamente me gusta. Después de varios minutos de reflexión he llegado a la conclusión que no tengo agallas para hablar de sexo, por pudor, por timidez y por inexperiencia. Y ¡qué coños! el que quiera que hable de sexo sólo tiene que pagarme una buena soldada, o invitarme a “Crónicas Marcianas!. Seamos más recatados y hablemos del amor aunque sea una vez más. Dicen, los que entienden, que el amor es lo más maravilloso del mundo, que sin amor no se podría soportar esta dura vida, que el que no ama es un pobre infeliz. Tal vez tengan razón, pero yo acabo de ver en el periódico, que hoy mismo ha habido tres muertes pasionales, y conozco a unos cuantos memos que se han dado a la bebida, cuando no a cosas peores, porque les ha dejado su mujer, o porque no pudieron soportar los celos, ni los cuernos; eso sin contar las gilipolleces que estamos acostumbrados a ver a diariamente en el telediario, al respecto. Yo creo que el amor solo sirve para la literatura. ¿¡Qué sería de la literatura sin el amor?! –en la música también es un tema muy recurrente, pero casi siempre soso y pachanguero: que si “te quiero baby”, que me acuerdo de tus besos, que si baila conmigo nena, y poco más da de sí da esto- En la literatura, como digo, el amor es el tema por excelencia –ya ves tu que ordinariez, como si no fueran más apasionante las aventuras, el miedo, el poder, o el dinero- el ejemplo más representativo es el de los amantes de Verona tan dignamente retratados por Shakespeare, o los de Teruel –tonto ella y tonto él-. ¿Y no gira acaso toda la obra de nuestro insigne Quijote en torno al amor imposible de esa excelsa belleza manchega?. Pues ahí es donde justamente quería yo llegar, ¿no se volvió majareta nuestro insigne caballero acaso por culpa del amor? Resumiendo no es posible la literatura sin el amor, como no es concebible la vida sin sexo, digo sin literatura.

El taco. El taco es contundente, clarificador, como un dardo en la diana. A mí me gustan los tacos, los grandes escritores los han utilizado con frecuencia, ahí esta el caso Quevedo o de Cela, y actualmente el de Pérez-Reverte o Umbral maestros en estas artes, pero su uso no es fácil, requiere de cierta habilidad, no pretende el insulto sin más, si a caso, el desprecio, la contundencia y la rabia. Yo antes utilizaba los tacos, incluso con cierta gracia y... ya no, las convenciones sociales, el trabajo la familia... te impiden expresarte con la libertad que se requiere para ello. Cuando sea viejo, rico o famoso -o por un casual viudo o nuevamente soltero- volveré a utilizar los tacos que tanto me gustan. Mientras tanto, agua y ajo, moreno.

A los cuarenta y cinco años todavía se tiene toda la vida por delante, pero estamos en la edad de la razón ¡se ha vivido tanto! Así como en la juventud nos dominaba la pasión, ahora, salvo a los idiotas, nos vence la razón, la cabeza y la cordura, ésta solo la volveremos a perder cuando llevemos bastón. Total que no se si hacerme ecologista o cartujo para seguir dándole sentido a mi vida. O, tal vez, lo mejor sea hacer un curso por correspondencia de piloto kosovar para poder sobrevolar las montañas de mi tierra, que son azules y blancas –por abajo son azules, por arribita nevadas- y mirar con la distancia que se requiere el cauce de los ríos que van a parar al mar que es el fin.