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::: Cuento de un asesino a sueldo

Autor: Esperanza Núñez Ver autor

Sin publicar (200..)

 

Cuento de un asesino a sueldo

Juan pasea con su perro, un perro negro, grande, con cara de pocos amigos, pero dócil y cariñoso.

Juan vigila el grupo de casas para ver si sale su hombre, a que hora sale, cambios de ruta…

Es la primera vez que “La organización” le encomienda una misión tan importante. Espera no defraudarles, no por ideales. Que le importan un pimiento, sino por encumbrarse en su profesión.

No le importa vivir de dar un tiro en la espalda a la gente, se vive bien sin dar un palo al agua y con dinero en el bolsillo. Si mi padre me viera –pensó- renegaría de mí.

Su padre era un hombre recto y honrado que murió cansado de trabajar para pagar un préstamo a un banco, que le embargo todo lo que tenia, pero él siguió trabajando intentando pagar incluso cuando ya estaba enfermo, cayó muerto descargando camiones.

Juan, en aquel momento se prometió a sí mismo que a él no le pasaría, él iba a vivir bien, no importaba como, pero siempre iba a tener dinero. Y cumplió su promesa. Empezo a trabajar de mercenario para diferentes organizaciones terroristas.

Juan vio salir a su victima, sonrió para sí mismo, era increíble, salía siempre a la misma hora, en el mismo coche y en la misma dirección, sin escoltas, sin precauciones, ni siquiera miraba el coche. Iba a ser muy fácil.

Sintió que le tiraban del pantalón:

-Señor, eh señor, ¿puedo acariciar el perro? Mi padre dice que no debo hablar con extraños, ni aunque tengan un perro tan bonito como este.
¿Tu padre?

-Si es el que acaba de salir con el coche.

Juan miró al niño. Tenía el cabello rubio, unos ojos azules como el mar que le miraban confiados, sin temor ni desconfianza. Juan sintió un pinchazo en el pecho, nunca había tenido este sentimiento de dolor, o de culpa, ni siquiera sabia describirlo.

-Rica, ven aquí, ¿Qué es lo que haces?

-Es mi mama- dijo el niño-
Juan vio una mujer menuda, rubia, con una larga melena que lucia al sol.

-Perdone si mi hijo lo ha molestado. ¿Es usted nuevo en el pueblo?

-Si, vivo en el hotel, estoy buscando una casa para alquilar durante un par de meses.

-Dos calles mas abajo se alquila un chalet. Son muy acogedores. Adiós y perdone a mi hijo.

Juan vio alejarse al niño y a su madre. No podía entender tanta inocencia, esa falta de miedo,  de precauciones, de….

Sintió flaquear sus convicciones, su mundo lo estaba derribando un niño de ojos azules que reflejaban el cielo. Y pensó en las palabras del jefe,”de aquí no sale nadie”

-Yo si saldré, me iré, esta vez no lo haré, huiré, me iré lejos, donde no me encuentren.

Hizo la maleta a toda prisa y salio hacia el aeropuerto lo mas aprisa que pudo.
Ya estaba, lo había logrado. Miro atrás sonriendo. Solo le faltaban unos cuantos escalones para subir al avión, nunca volvería pero no le importaba.

Había dejado a Rica una carta para que se la diera a su padre, solo le contaba que tuviera cuidado, que alguien intentaba matarle, esa persona era él, pero ahora que se iba lejos otros lo intentarían.

Intentó imaginársela cara del hombre, de sorpresa, de estupor, de miedo, no, de miedo no, si acaso de preocupación por su familia.

Levantó el pie para subir el último escalón de la escalerilla, cuando sintió un golpe en el pecho. Intento agarrarse a los pasamanos, pero no consiguió sostenerse, se miro las manos, tenía sangre, lo habían alcanzado.

Oyó voces de la gente, como alguien pedía una ambulancia y se acercaba a él intentando hacer el “boca a boca”.Sintio la respiración en su oreja y una voz suave y dulzona:-Nadie sale; ni huyendo a Nepal”.

Juan miró al individuo y sonrió.-Yo lo he logrado, objetivo no conseguido-

Sintió como le ponían en una camilla y lo subían a una ambulancia, sintió que la vida se le iba, imaginó la mirada orgullosa de su padre y sobre todo sintió. Era raro, nunca había sentido nada y ahora le explotaba el corazón en sensaciones. Y sintió que unos ojos inmensos como el mar le sonreían. Y voló, voló hasta el cielo azul porque él SI HABIA SALIDO.