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Autor: Genara Bermejo Ver autor

Publicado: Palabras con Pimiento (2005) Ver obra y Palabras con Pimiento (2008) Ver obra

 

Amores

Buscando en el desván de mi memoria, recuerdo que hace muchos años en la recolección del pimiento, Julián y Francisca se enamoraban.

Aquí empieza su historia, Julián vive con Valeriana, su madre que es viuda. Él es mayor y soltero.

–Julián, tienes que buscar cuadrilla, el pimiento esta bien colorado.

–Sí madre, mañana, marcho en busca de personal para empezar.

Pronto emprendió viaje. En el primer pueblo al que llegó se acercó a un señor y le preguntó si sabía de personas interesadas en trabajar en la recolección del pimiento.

–Sí –dijo el hombre–. Acompáñeme usted a mi casa. Creo que ha encontrado lo que buscaba. Mi mujer, mis cuatro hijas y un servidor, queremos trabajar en la campaña de la recogida del pimiento.

Con los preparativos necesarios, acompañaron a Julián al secadero para empezar la jornada.

–Madre, parecen buena gente –decía Julián.

–¡Ojalá! Tengan las manos desenvueltas para apañar los pimientos y las bolas, y que me echen una mano en las tareas del secadero, porque ya no puedo con tanto trabajo. Que, hijo, bien podías buscar una mujer. Por mi edad yo me marcharé, y que alegría si te quedara casado.

–Tienes razón madre, lo he estado pensando. Tengo los ojos puestos en una muchacha de la cuadrilla, Francisca, la pequeña de las cuatro hermanas.

–Pero, Julián, hay mucha diferencia de edad: tú muy mayor y ella muy joven.

–Madre, el amor no conoce edades, creo, ella ha puesto los ojos en mi persona.

–Dios te oiga, hijo. Antes que terminemos la recolección, tienes que hablar con ella. A mis años me cuesta.

Esa noche, cuando Francisca fue a buscar agua, Julián se acercó y habló así:

–Tengo que comunicarte una cosa. Estoy enamorado de ti. Si tú quieres, podemos formar una familia. Lo mío va en serio; nada de eso que dicen: yo te quise por el tiempo de los pimientos, lerenles, se acabaron los pimientos, se acabaron los quereres. Francisca, yo te quiero para siempre.

–Bien, Julián, tienes que hablar a mis padres y la señora Valeriana tu madre. A mí no me importan tus años, desde el primer momento me impactaron tus miradas.

–Francisca, estoy soñando despierto. Seguro que cuando termine la campaña del pimiento nos podremos casar. Yo no estoy para perder el tiempo. Pienso lo felices que seremos si en la feria de San Andrés nos unimos en matrimonio.

–Sí, Julián, y sin perder tiempo.

A los pocos meses de la boda llegó un hermoso niño, Paquito. Así siguieron viniendo más niños hasta formar una gran familia de ocho hijos bien contentos.

–Francisca –decía Julián– ya tenemos nuestra buena cuadrilla para recoger nuestra cosecha de pimiento. Paco, el mayor, que es fuertote, cargará los maquilones; Pepe y Juan se harán cargo de los secaderos. Jesús y Diego, los pequeños, para vaciar los cestos cuando estén llenos de pimientos. Conchi y María para ayudarte en las faenas del secadero. Tú y yo llevaremos la dirección de nuestra propia cuadrilla, seremos muy felices cosechando buen pimentón: “el oro rojo” de esta tierra La Vera.