La asociación Cultural Cálamus Envíanos tus comentarios
 
Inicio > Escritos > Amancio y los pimientos

::: Amancio y los pimientos

Autor: Marciano Serradilla Arjona Ver autor

Publicado: Palabras con Pimiento (2005) Ver obra y Palabras con Pimiento (2008) Ver obra

 

Amancio y los pimientos

Amancio es mayor. Setenta y ocho años. Seco y flaco. Estatura media. Piel morena, rizosa, cuarteada. Calvo. Totalmente calvo. Del pozo de sus ojos brillan dos carbones negros, metálicos; desafiantes y a la vez cansados. También es chato. Barba espesa; de unos dos días, blanca, igual que las cejas. Amancio está en el Hogar del Pensionista 2 de Jaraíz de la Vera. Es víspera de Los Santos de 2005. En pie y cerca del mostrador, toma un vino con sifón y unos pimientos friítos.

Amancio recuerda: Fue hace mucho, mucho tiempo, y por los pimientos. Se rectifica: Fue por el agua de las pimenteras. Sigue recordando: Julio de 1955. Día 20. Tres de la madrugada. Estaba regando las pimenteras. A dos aguas y desde las 12 de la noche. Ya había atizado tres veces la lamparilla. Acababa de salir una Luna Nueva esplendorosa. Las pimenteras renegreaban con su luz y aun cuando tenían pimientos estaban llenitas de flores y botones. Sería un buen año y este riego las haría granar. Apagó la lamparilla. El turno del agua acababa a las 5 de la mañana. El calor era intenso. Sus pies descalzos entre el barro y el agua mitigaban el calor. Pensó: “Nada, a seguir quitando y poniendo tornaeros. A ver si me da tiempo a regar toda el haza”.

Dejó de llegar agua de golpe, el reguero seco. Caminó, azada en mano unos cien metros hasta la arqueta. Había cortado el agua su lindero Venancio y estaba regando su parcela tan ricamente. Fue hacia él. Y hubo palabras y más que palabras. Se enzarzaron a golpes y empujones. Venancio le dio con el azadón en la rodilla. Él tuvo más suerte: dio a Venancio con el azadón en la cabeza.

Amancio volvió a la arqueta. Desvió el agua a su reguero. Con la rodilla dolorida, y renqueando continuó regando hasta las cinco. Al día siguiente, no fue al entierro de Venancio. Estaba detenido, en el Cuartelillo de la Benemérita en Jaraíz, precisamente en el mismo lugar donde ahora tomaba su vino; pues derribaron el Cuartel y construyeron pisos y locales hace mucho tiempo.

 

Estuvo en prisión 20 años. Del 55 al 75. De eso, también hace mucho tiempo, mucho. Amancio apura el vino y deja los pimientos friítos; siempre que los ve recuerda a Venancio, que no era mal hombre. Da otro vistazo a los pimientos y se murmura para sus adentros: JODÍOS PIMIENTOS.